EL NORTE DE CASTILLA. Kupfunana, el viaje continúa. Carlos Álvaro. Segovia La oenegé que fundara el misionero nacido en Pinillos afronta una nueva etapa vital de crecimiento y divulgación tras el fallecimiento de su promotor Pinillos de Polendos guarda el origen de una historia digna de ser conocida. Allí nació, en 1945, Jesús Torres Bravo, sacerdote segoviano que dedicó gran parte de su vida a la misión en Mozambique. Desde 1985, durante casi cuatro decenios, volcó toda su energía en una tierra de sabana pobre y necesitada, especialmente en Sabie, al sur del país, en la provincia de Maputo. Con esfuerzo, constancia y un amor por el prójimo fuera de lo común, Jesús puso en pie puestos de salud, escuelas e internados y sembró esperanza donde la precariedad imperaba. No lo hizo solo: consigo arrastró a muchas personas de su tierra, que aportaron a los proyectos mozambiqueños con donativos, visitas, cariño…En 2023, ante la necesidad de dotar de una estructura formal a toda esa obra dispersa que Jesús llevaba de forma personal con un grupo de amigos y colaboradores, surgió Kupfunana. El nombre, en lengua local changana, significa «ayudarse unos a otros». Un concepto recíproco de solidaridad que define el espíritu de la oenegé. Constituida en Pinillos —la localidad natal de Jesús de la que nunca fue párroco—, la asociación surgió para vertebrar el apoyo institucional, captar compromisos estables y garantizar continuidad a los proyectos. Desde entonces, Kupfunana ha sido un puente entre Segovia y Mozambique.

Juan Andrés Saiz Garrido, directivo de la oenegé, mantuvo con el sacerdote una entrañable amistad durante más de cincuenta años. De Jesús habla con la calidad humana que lo caracteriza. «Lo conocí en 1970. Me dijo que su verdadera vocación era la de ser misionero. Fue párroco en La Estación de El Espinar, en San Frutos de Segovia, en Aguilafuente, en Madrona… Pero siempre supo que su camino estaba en África». Cuando el cura se embarcó en las misiones, Juan Andrés, espinariego, empresario del transporte, sanitario, periodista y escritor, se convirtió un poco en su enfermero de cabecera. «Lo atendí de malaria, hepatitis, infartos, hernias, covid, herpes zóster…».


Dos veces viajó a Mozambique para ver de cerca los proyectos de su querido amigo: en 2008, acompañado de su hijo Tatán, ya fallecido, y en 2025, en un regreso cargado de emoción y deuda personal. «Aquello te cambia rotundamente, te da la vuelta como un guante. Vuelves renacido, iluminado. No sé si nosotros solucionamos la vida de los africanos, pero ellos sí que nos la cambian a nosotros», confiesa. En Sabie encontró Juan Andrés un «oasis de pobreza»: dignidad inmensa, orgullo mozambiqueño, gente buena pero «muy suya», con una autoestima grande que impide la mediocridad. «La pobreza no les resta dignidad, en absoluto. A nosotros nos ayudan recargándonos las pilas, recordándonos que la felicidad no está en tener muchas cosas, sino en saber utilizar las que tenemos con solidaridad».

Los proyectos de Kupfunana en Mozambique se centran en lo esencial: sanidad y educación. Son diez consultorios y diez centros escolares en Sabie, construidos con esfuerzo segoviano —Ayuntamiento de El Espinar, Caja Segovia, donantes particulares—, que la oenegé mantiene con muchas dosis de ilusión, aunque el funcionamiento diario depende del Ministerio mozambiqueño. En otra zona, Machanga, se dan pasos para la rehabilitación de un internado con el que Jesús Torres estaba muy comprometido. «Ahora, su materialización pasa por nuestro compromiso. Allí hay un jefe de obras y agentes de mantenimiento que pagamos nosotros para atender esa zona rural tan abandonada», desvela Saiz Garrido.Jesús Torres murió el pasado 8 de junio. Ocurrió en Mozambique, inopinadamente, a causa de un ictus. Aquello supuso un golpe profundo para la oenegé y sus proyectos, pero también un punto de inflexión. «Ahora estamos en una nueva etapa, una etapa de crecimiento y divulgación. La asociación crece en socios —vamos camino de los doscientos— y no se trata de pagar cuotas obligatorias, sino de juntar sentimientos. Gente que conoció a Jesús, que comparte su carisma, está llamando a la puerta de la asociación», explica Juan Andrés. Kupfunana tiene su sede en Pinillos de Polendos, pueblo natal del misionero, pero en África funciona Kupfunana ONG Mozambique, que cuenta con el inestimable apoyo de Javier Román, piloto de Qatar Airways y antiguo alumno de Jesús Torres en el instituto María Zambrano de El Espinar. Román reside en Doha (Qatar) y cada dos por tres ‘baja’ a Mozambique.Crónicas del albaEl pasado febrero, el Centro Social Corpus de Segovia acogió una exposición de 150 fotografías —muchas tomadas por el propio Jesús— y la presentación del libro ‘Crónicas del alba’, de Juan Andrés Saiz Garrido. «Fue un hervidero de gente que acudió atraída por la figura de Jesús Torres. Se vendieron más de cien ejemplares del libro y láminas de fotos. El espíritu Kupfunana estaba allí», recuerda. Instituciones como el Ayuntamiento de Segovia, Manos Unidas, la Junta de Castilla y León o la Federación de Asociaciones Solidarias apoyan el proyecto.

     «Aquello te cambia rotundamente, te da la vuelta como un guante. Vuelves renacido, iluminado» La nueva etapa mira al futuro con ilusión: fortalecer la estructura en Mozambique, terminar Machanga, explorar voluntariados, conectar con nuevas generaciones. «La gente vuelve iluminada, renacida, sobre todo los jóvenes». Recientemente, una delegación del Ayuntamiento de El Espinar regresó «enamorada» tras visitar los proyectos. «Jesús era diferente, un hombre con mucho coraje y convicción en su fe. ‘El que quiera que me siga’, decía. Y la gente lo siguió». Su legado es una forma de entender la solidaridad recíproca, donde ayudar al otro también transforma. Y Kupfunana sigue adelante. En mayo, La Estación de El Espinar acogerá un memorial dedicado a Jesús Torres con teatro, música, exposiciones y conferencias en su honor. Porque, como dice Juan Andrés, «el viaje continúa». Un viaje de abrazos mutuos, de dignidad compartida, de vidas que se cruzan para ayudarse.