Texto libre sobre el poema épico de Dante Alighieri, que adapto y narro para la sinfonía de Robert Smith. Estreno en el auditorio Gonzalo Menéndez Pidal, por Banda Sinfónica de El Espinar, coro Lux Música y narrador, el 14 de marzo de 2026, dentro del concierto de Gabarreros.

Infierno.

En la mitad de mi vida, estoy perdido. Invoco a mi maestro, el gran poeta Virgilio, que ahora pena en el Purgatorio por su pecado de rebeldía. Quiero que me guíe hacia mi salvación. De inmediato, su imagen se presenta ante mí y responde a mi llamada…

-Te guiaré, Dante, también te ayudará un alma más digna que la mía. Beatriz se llama, que hasta su bello nombre reparte felicidad, ¿la recuerdas?

-¡Cómo no!, maestro, de ella me enamoré siendo un niño, en cuanto la vi. Después, en su corta vida, sólo cruzamos una mirada de amor, sólo una; y sin embargo, desde entonces, su recuerdo gobierna mis sentimientos e inflama mi corazón. Es mi amor primero.

-Te entiendo, Dante, eres poeta sensible, que conoce el amor. Ella está aquí y quiere hablarte.

-Soy yo, tu Beatriz, es el amor quien me trae ahora para ayudarte. Vengo del lugar más hermoso que puedas imaginar. Cuando regrese a la presencia de Dios, le diré la verdad, que eres bueno.

La imagen de Beatriz se evapora y me quedo solo, con Virgilio, que me lleva hasta las puertas del infierno, donde un lema me conmueve: ¡Abandonad toda esperanza, los que aquí entráis!

Según bajamos, uno a uno los nueve círculos del abismo, siento miedo y dolor al escuchar los aullidos de los condenados en su segunda muerte, que no nunca acaba. ¡Qué horror!, cuántas llagas hay en esos cuerpos que en el fuego arden, inmersos en un río de sangre.Ahora los veo a todos: a los herejes y a los traidores; a los lujuriosos, tragones y bebedores; a los avaros y derrochadores; a los violentos contra la naturaleza, el arte y la cultura; a los homicidas, ladrones e incendiarios; a los corruptos que vivieron del fraude y la rapiña, y a los tiranos; ¡sí, a los tiranos!, esos que provocan las guerras y llevan este infierno a la tierra…

Los condenados me gritan con rabia: ¡Quién eres tú que, sin muerte, transitas por el reino de los muertos! Tiemblo de terror. Virgilio me consuela y me recuerda que vamos por el camino necesario.

Bajamos al pozo más profundo, donde nos espera el Maligno, con la mitad de su cuerpo congelado en el hielo y tres cabezas terribles con las que nos ataca. ¡Me siento acorralado, tengo miedo, el pánico me invade, temo que de este pozo no saldremos nunca!, pero Virgilio esquiva los zarpazos y encuentra una salida por la que escapamos. Uf…¡Al fin, logramos atravesar el infierno y burlamos a Lucifer!

Purgatorio.

Este tránsito diabólico me ha cambiado, ahora sé que mi alma es inmortal, destinada a vivir en la luz eterna. Ya en el Purgatorio, busco el perdón de mis pecados. Mi humildad me dará fuerzas para lavar mis culpas y cumplir mi penitencia. Recupero mi inocencia y mi fe de niño, que me recargan de confianza y valentía. Virgilio y Beatriz me ayudarán.

Veo el rastro de los siete pecados capitales.

La soberbia de Adán y Eva, causa de su expulsión del paraíso.

La avaricia de Adriano V, que en su breve papado de 38 días, robo bienes de la Iglesia para él y su familia.

La ira de Atila, que aniquiló ciudades, y por ello pena en el infierno.

La envidia por la que Caín mató a Abel.

La gula del papa Bonifacio VIII, corrupto, codicioso y presumido.

La pereza del emperador Federico II, el anticristo, condenado al infierno por su herejía.

La lujuria del rey de España, Alfonso V de Aragón y de Sicilia, bohemio, cobarde e indigno.Beatriz corrije con virtudes mis pecados:

– Humildad contra soberbia.

– Generosidad contra avaricia.

– Paciencia contra ira.

– Bondad contra envidia.

– Templanza contra gula.

– Diligencia contra pereza.

– Y Sosiego contra lujuria ¡Ay, la lujuria!

Las virtudes me han purificado. Culmino el monte Purgatorio, hasta donde me ha guiado Virgilio.Ascensión.

En este último tramo de ascensión, me reencuentro con Beatriz, que rebosa belleza. Sus ojos son dos estrellas que brillan desde el cielo; su piel, pura e inocente, es blanca y suave, como el alabastro; su sonrisa iluminó las entrañas del infierno, en mi paso por él. Sus labios son rojos y perfilados, y su cabello dorado resplandece con la luz del sol. ¡Es muy bella!, más no presume de ello. ¡La amo! Ahora sé que amar no es pecado, lo que sí es pecado, es no amar.

Mi amada me alienta en el tramo final.

-Mírame bien, soy tu Beatriz.

Subiste al fin del monte la pendiente,

verás que el hombre aquí es feliz.

-Yo, dudando, no sé lo que me creo

y digo para mí, ¡Beatriz mía!,

apaga la sed carnal de mi deseo,

puesto que yo, de ligaduras suelto,

subir al cielo, contigo espero,

y en la gloria inmortal, quedar absuelto.

Concluyo mis ascensión con las lecciones bien aprendidas: el dolor me ha fortalecido, el arrepentimiento me ha purificado y he crecido en conocimiento, la ciencia que nos acerca a los humanos a la divinidad. En la prueba final, San Pedro me interroga sobre la fe, Santiago sobre la esperanza y San Juan Evangelista sobre el amor. Salgo victorioso. Ya puedo acceder al Paraíso.

Paraíso

Una felicidad desconocida invade mis sentidos al entrar en la gloria. Contemplo con nuevos ojos todo cuanto se mueve en el firmamento. El sol y las estrellas han sido forjadas con Amor por el Creador. El universo es su gran obra de arte. ¡Qué hermosa es la creación! ¡Qué luz! Un resplandor celestial lo ilumina todo.Sin duda, éste es el lugar del que me habló Beatriz. Ella está aquí, a mi lado. Su presencia me da seguridad, su hermosura me emociona. Ha sido mi sol, mi luna, mi guía… Yo era un hombre perdido y ahora soy un ser iluminado, gracias a su amor.

Una duda me intriga: ¡Cómo es posible que yo esté aquí, ahora, gozando de esta fiesta sobrenatural, habiendo sido un pecador toda mi vida! Beatriz me reconforta: «Ya te dije, Dante, al comenzar tu viaje, que tú eres bueno. No te angusties por tus pecados, están perdonados. La misericordia de Dios es infinita. Tú has sido elegido, por la gracia divina, para que vivas esta experiencia suprema, y luego la cuentes a todos, en verso. Eres poeta». Estoy feliz en esta paz celestial. Sin embargo, noto que algo me falta.Beatriz me lleva ante Dios, y al llegar a Él, miro a mi amada para compartir mi dicha, ¡pero Beatriz se evapora de nuevo!… ¡y no me duele! Ahora lo comprendo todo: mi amor con Beatriz ha sido el puente para llegar a Dios. Ya no me falta nada.

El Creador me acoge en su seno, y me abre el entendimiento, para que yo comprenda esta revelación divina, y luego sepa escribirla, tras mi vuelta al mundo terrenal, junto a todo lo que aquí he visto y vivido. ¡Así lo haré, en paz!