Enrevista a Juan Andrés Saiz Garrido, nuevo presidente de la Fundación Torreón de Lozoya, para El Día de Segovia, a cargo de Marcelo Galindo: Con una dilatada y acreditada experiencia en la gestión empresarial y un ámplio bagaje intelectual, Saiz Garrido llega a la presidencia de la Fundación que pretende consolidar como referencia obligada en el panorama cultural de Segovia.

-Asume la presidencia tras doce años de Javier Reguera, ¿Qué fundación recibe?

-Recibo una institución que ha superado con esfuerzo y austeridad muchos problemas y dificultades, especialmente tras la desaparición de Caja Segovia. Afortunadamente, estamos lejos de aquella angustiosa etapa, cargada de incertidumbre, y ahora somos una Fundación solvente en cuanto a credibilidad pública.

-Después de cuatro años como patrono, ¿qué sintió cuando el Patronato le propuso presidirla?

-Gratitud, ante los patronos por confiar en mí; responsabilidad, por la importancia del proyecto; e ilusión, como sentimiento necesario para afrontar esta tarea tan hermosa. Me gustan los retos, sobre todo cuando son capaces de enamorarme. Lo estoy.

-¿Con qué objetivos llega a esta nueva responsabilidad?

-Conservar los valores de tesón, firmeza, austeridad y prudencia que han caracterizado a la Fundación, durante la presidencia de Javier Reguera, en esta etapa tan difícil; mantener viva en la memoria de los segovianos la impronta económica, social y cultural que supuso Caja Segovia, durante más de un siglo, con independencia de su lamentable desenlace; buscar un espacio preferente para la Fundación, sin hacer sombra a nadie, dentro de esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad, y administrar con cabeza y corazón el patrimonio que tenemos en nuestras manos.

A corto plazo, debemos afrontar la renovación de una parte del personal, en puertas de su jubilación, y la composición del nuevo Patronato que, sin duda, se comprometerá con la nueva etapa.

El Torreón de Lozoya seguirá siendo el emblema de la Fundación, dando a sus actividades mayor visibilidad. La Sala Caja Segovia necesita varias reformas, para luego dinamizar más la vida cultural y social de nuestra ciudad.

Para desarrollar estos y otros proyectos será necesario incorporar nuevas complicidades, tanto de ámbito público como del privado. En el fondo, el objetivo será buscar un nuevo modelo económico que propicie una estabilidad necesaria para la Fundación.

La reciente venta del Palacio de Mansilla implica para nosotros una coyuntura importante para reorientar el modelo de financiación, un desafío aún por esbozar, en el que comenzaremos a trabajar en breve.

-¿Cuál es hoy la situación económica?, ¿puede hablarse de una Fundación plenamente saneada?

-Razonablemente saneada. Afortunadamente, han desaparecido los fantasmas iniciales de una “muerte por inanición”, que algunos pronosticaron.

Aparecen nuevos problemas: la pérdida de algunos alquileres, la bajada de las ayudas que percibíamos de CaixaBank o el progresivo deterioro de varios inmuebles, con el consiguiente desembolso que supone su mantenimiento; son rémoras que necesitamos superar.

-¿Cuáles son las principales fuentes de ingresos?

-En parte, los alquileres de los inmuebles; también, las matrículas de las actividades de nuestros centros, los rendimientos de algunas inversiones en depósitos, algunas colaboraciones y donaciones, y poco más. Tenemos aún, casi por explorar, el tema de la concurrencia a las subvenciones públicas. No es nada fácil; por eso, valoramos como excepcional una subvención de la Junta de Castilla y León de 60.000 euros, en 2024, que nos permitió rehabilitar el tejado del Torreón, un obra fundamental. ¡Gracias!, pero ha sido la única ayuda.

-¿Qué peso tienen los rendimientos patrimoniales frente a la actividad cultural?

-Son el principal ingreso de la Fundación, pero no alcanzan para cubrir los gastos derivados de las actividades, lo que nos lleva a la necesidad de reinventarnos en lo económico constantemente.

-¿Hasta qué punto sigue siendo importante la colaboración con CaixaBank?

-Ahora, en realidad, esta colaboración es con Fundación ‘la Caixa’, a través de CaixaBank. Se reduce a mantener esa línea de trabajo que denominamos “cesiones de espacios”, una iniciativa que pone a disposición de las organizaciones del Tercer Sector segoviano espacios como la Sala Caja Segovia o el Torreón de Lozoya, dignos marcos para que, cada año, veinte asociaciones, fundaciones o agrupaciones segovianas desarrollen una de sus actividades. Creo que este convenio es manifiestamente mejorable.

-¿Se plantea nuevas vías de financiación?

-Ser autosuficiente es la máxima aspiración que buscamos y un objetivo central que me ha tocado asumir como presidente, si bien se trata de una reflexión compartida por todo el Patronato. Sería prematuro, con menos de una semana en el cargo, hablar ya de pautas, pero sí puedo adelantar que la economía de la Fundación será un tema central en nuestra mesa de trabajo. Soy optimista.

-¿Existe margen para captar patrocinadores privados?

-A pesar de que en nuestro país falta un arraigo de la cultura del mecenazgo privado, vamos a intentarlo con entusiasmo en nuestro entorno. Buscaremos cauces de colaboración y financiación en el sector empresarial, de la mano de FES, entidad que tuvo a bien presentarme como patrono, en su día, y con la que mantengo una relación fluida y coincidente. Muchos empresarios segovianos saben que apoyar proyectos de patrimonio, arte y cultura es bueno por muchas razones, para Segovia y para las propias empresas que se comprometen. Yo ayudaré con algunas palabras, soy más de letras que de números.

La programación ha crecido mucho en los últimos años. ¿Es sostenible ese ritmo?

-Efectivamente, ha crecido cada nuevo año, sobre todo en calidad, por lo que valoro expresamente el trabajo de nuestros empleados, la acertada gestión del director general, junto a su cualificada implicación en las visitas guiadas, por ejemplo. La actividad crece, no sólo en el Torreón, también en los centros sociales Corpus y Cristo del Mercado, donde han aumentado las matrículas y, por tanto, el número de usuarios de nuestros servicios y los visitantes.

En el Torreón de Lozoya, donde las exposiciones temporales y las conferencias son gratuitas, ha aumentado el número de colaboradores, lo cual redunda en el recorte de gastos. Citaré algunos: el Ministerio de Cultura, la Fundación Arte, Cultura y Patrimonio, Hay Festival, la Universidad de Valladolid, la Fundación Titirimundi-Julio Michel Villacorta, la Plataforma del Voluntariado, la Fundación Don Juan de Borbón, la Real Fábrica de Tapices, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNRWA), la Plataforma Segoviana para el Pueblo Palestino, Fundación ‘la Caixa’… Pero necesitamos más ingresos para mantener este ritmo de actividades, e incluso aumentarlo.

-¿Qué actividades quiere potenciar?

-Hacemos mucho y bien, es cierto, pero debemos contarlo mejor, sobre todo a los segovianos, que en el fondo son los propietarios de este gran legado artístico y cultural. Quiero que lo sientan suyo y lo disfruten más.

Con este objetivo, tenemos el reto de aumentar las visitas al museo y a la atalaya de la torre, y las ventas de nuestra librería/tienda de arte. También, me gustaría potenciar, aún más, la presencia en nuestras salas de artistas con sello segoviano, y alguna novedades ambiciosas que debo analizar primero con la dirección técnica y el nuevo Patronato. Con su respaldo y cuando estén maduras, serán noticia; antes no.

-¿Segovia aprovecha suficientemente el Torreón de Lozoya?

-No. Tenemos unas cifras altas de visitantes, con usuarios de calidad y edad madura, pero debemos incorporar más a los jóvenes. No me consuela que este sea un mal endémico de la mayoría de museos, galerías y salas de exposiciones del país. Hemos comenzado a “buscarles” a través de las universidades segovianas y de sus intereses académicos, pero no da aún los frutos que queremos. A veces encontramos respuesta: la exposición “Japón. Una historia de amor y guerra” despertó curiosidad entre los estudiantes del IE y entre aquellos que cursaron el grado de Turismo en la Universidad de Valladolid; también, las exposiciones que han buscado la complicidad de la facultad de Publicidad y Relaciones Públicas, acercando a Segovia la obra de ilustradores, cartelistas o fenómenos vinculados con el mundo publicitario: “Toulouse-Lautrec. Bohemia y espectáculo del cabaret al circo” (2022), “Eduardo García Benito” (2023), “Los concursos de carteles para Cigarrillos París” (2025) o “Cajas que hablan. Recuerdos de la radio en el siglo XX” (2026).

Me emociona contemplar las salas del Torreón repletas de familias con niños cuando plantamos nuestra esperada exposición de belenes. Por ahí está el camino.

-¿La Fundación sigue arrastrando el recuerdo de la antigua Caja Segovia o ha conseguido constituir una identidad propia?

-En 2026, la Fundación no arrastra el absoluto el nombre de Caja Segovia; antes bien, siempre tiene presentes sus orígenes y nunca nos hemos planteado renunciar a ellos. Nuestro principal salón de actos es la Sala Caja Segovia y las dos primeras salas del Museo del Torreón de Lozoya están dedicadas a su memoria, en tanto que el resto de espacios ofrecen al visitante una parte significativa de la colección que aquella institución logró reunir. Recordar lo bueno de Caja Segovia es algo que tenemos siempre presente.

Personalmente, yo estoy muy agradecido a la Caja. Con ella financié mi casa, mi empresa, mis negocios, mis inversiones…; también, me ayudó en mis primeros libros y en proyectos sociales, culturales y de cooperación. A mayores, recuerdo el colegio universitario «Domingo de Soto», que hizo viable el sueño para que un gran número de estudiantes segovianos pudieran desarrollar estudios universitarios.

Por inercia, seguí ligado a Bankia como cliente y ahora a CaixaBank, porque valoro en alto grado la trayectoria de Caja Segovia, no su desenlace. Tengo memoria, también para olvidar ahora lo malo: «Es la memoria un gran don, calidad muy meritoria. Y aquellos que en esta historia sospechen que les doy palo, sepan que olvidar lo malo también es tener memoria», de Martín Fierro.

¿Ha sido acertado el cambio de nombre?

Sí, el Torreón nos identifica plenamente. Desaparecida Caja Segovia, llegó un momento en que ya no podíamos ni debíamos llamarnos «Caja», pues no éramos una entidad enfocada al crédito ni una fundación de tipo bancario. No tenía sentido. Esto es algo que la sociedad segoviana ha entendido perfectamente.

-¿Cómo es hoy la relación con las administraciones públicas?

-Respetuosa y bastante puntual. Participamos, un año más, en la iniciativa municipal de la Noche de Luna Llena, también con las Noches de Patrimonio. La Fundación Don Juan de Borbón celebrará este verano varios conciertos en nuestro jardín. La Diputación de Segovia, el Ayuntamiento de la Ciudad y otros ayuntamientos de la provincia utilizan nuestras instalaciones para el desarrollo de actividades, a través de convenios de cesión de uso que han permitido dar continuidad a los famosos “centros sociales” que tenía la Caja, repartidos por toda la provincia.

-¿La Fundación debe tener más presencia en la provincia y no sólo en la capital?

-Nuestros estatutos contemplan esa posibilidad, pero debemos ser realistas ante nuestras limitaciones económicas. La veintena de centros que tenemos repartidos por la provincia se encuentran cedidos a los respectivos ayuntamientos, que conocen bien las necesidades sociales y culturales de sus pueblos. Estamos a su disposición para acuerdos en esta materia.

-¿Qué papel puede desempeñar la Fundación en la construcción de la Segovia de los próximos veinte años?

-Será importante y el que nos corresponda. Segovia tiene por delante un futuro esperanzador, basado en nuestro patrimonio humano, natural, histórico, cultural y artístico. La Fundación estará siempre disponible para ayudar en nuestro espacio competente: el arte y la cultura. Los segovianos y las instituciones pueden contar con nosotros como una entidad madura e independiente, con probado respeto institucional a todos los estamentos políticos, mande quien mande; sin color político y en disposición de colaborar con otras fundaciones y asociaciones en proyectos de sociedad civil. Ese terreno neutral, alejado de la crispación y el sectarismo, es necesario para la Segovia futura. Estamos preparados y disponibles.

-Usted ha desarrollado buena parte de su trayectoria en el mundo empresarial y también como divulgador de la historia de Segovia. ¿Qué le aporta esa doble visión al frente de la Fundación?

-Todo suma. Supongo que las distintas experiencias vividas han ido forjando mi carácter, mi pasión de escribir, mi compromiso con la cooperación, mi visión serena de los problemas, la sed de aprender… Un buen amigo, Gonzalo Menéndez-Pidal, me contagió una actitud que él repetía a los 94 años: «Sigo siendo un aprendiz». Yo también; ahora, lo poco que sé, lo pongo al servicio de esta casa, en la que estoy de paso: las personas pasamos, las instituciones quedan.

-Si dentro de cuatro años tuviera que hacer balance, ¿qué le gustaría que dijeran los segovianos de su presidencia?

-Que no digan ni hagan nada, por favor, el sentimiento sale por los ojos de forma natural; si llega ese día, me bastará con una sencilla mirada de afecto al cruzarme en la calle con cualquier vecino. Amor con amor se paga.

Fundación Torreón de Lozoya en Segovia. Juan Andrés Saiz Garrido. Foto: Rosa Blanco.