El eclipse total que vamos a vivir en Segovia nos da pie para reafirmar nuestra condición de Ciudad Patrimonio de la Humanidad, bella y elegante. Van a ser dos horas especiales, con vocación de siglos, concentradas en un minuto mágico para la eternidad. Horas, minutos y siglos. Así de relativo y trascendente es el tiempo en nuestra efímera existencia, tal como lo acuñó Antonio Machado: Nuestras horas son minutos cuando esperamos saber, y siglos cuando sabemos lo que se puede aprender.

La elegancia segoviana es una actitud que nos empuja a mirar al cielo todos los días con una sonrisa, a convivir mejor entre nosotros y con los que llegan, a acoger a los refugiados, a respetar otros credos e ideas, favorecer la igualdad, fomentar más y mejor empleo para que no se nos vaya la sangre joven, encauzar el turismo y conservar nuestro patrimonio, empezando por recuperar los edificios que se nos caen a cachos, además de mantener limpias nuestras calles y plazas.

El arte y la cultura nos alumbran como el sol, pero no basta con intentar hacer las cosas bien, hay que cuidar los detalles en cada uno de nuestros proyectos, con gracia, nobleza y sencillez; o sea, con elegancia, a fin de que podamos recordar con dignidad el inicio del Buscón: “Yo, señor, soy de Segovia”.

A lo largo de la historia los segovianos han contemplado diversos eclipses, con distintas reacciones. En algunas ocasiones los interpretaron como un mal presagio, con temor a que el mundo se acababa. La vida ha seguido su ritmo y ahora, en el siglo XXI, la luz de la ciencia y de la cultura ha barrido el espacio de las supersticiones, y entendemos nuestro sistema solar como un reloj perfecto.

En el Torreón de Lozoya aún se guardan inventarios del eclipse de 1567: “Se compraron 12 velas para el día que faltó el sol”. Ese mismo día, el rey Felipe II lo contempló desde el Alcázar, cuando Segovia era capital de la corte. Impresionado, mandó que sonaran las campanas y decir misas en la Catedral, por si era un aviso del cielo.

Del eclipse de 1912, quedan reseñas interesantes: “A las 12:08 del mediodía Segovia se hizo noche”. Duró un minuto y 55 segundos. Los gallos cantaron en Zamarramala. Las luces de gas se encendieron en la plaza Mayor. A Segovia vinieron científicos de París y Berlín.

Antonio Machado estaba en Soria. Ese año escribió: “El sol de Castilla quema, pero no calienta”. Muchos creen que evocaba esa sombra que cruzó la meseta.

En las crónicas del día siguiente se recogió la prudencia popular: “Segovia, en silencio. Solo se oían los relojes de la Catedral”.

El eclipse anular del 3 de octubre de 2005, hace 21 años, se describió como un anillo de fuego sobre el Acueducto y una reacción de fiesta popular: Miles de segovianos salieron a la calle con radiografías y gafas protectoras. Fue el primer eclipse «científico y familiar”. Sin miedo. Con teléfonos móviles.

En el atardecer del 12 de agosto de 2026, los segovianos vamos a vivir un eclipse total: la luna se pondrá delante del sol y lo tapará por completo. Segovia lo ha entendido. Será una reafirmación madura de mirar al cielo con gratitud y no miedo, con ciencia, prudencia, admiración, fiesta, música y poesía, en consonancia con nuestros poetas:

San Juan de la Cruz: “El alma es como la luna: no brilla hasta que se pone delante del Sol”.

María Zambrano: En Segovia la luz no se posa desde el cielo, sino que se proyecta desde la ciudad misma… El cielo de Segovia tiene un cromatismo singular que en las noches de luna llena se torna añil y realza aún más su belleza.

Jorge Guillén: En Castilla el sol se pone despacio, como si no quisiera irse. / El sol, el sol, otra vez el sol. / ¡Otra vez, otra vez!

Antonio Machado: Y en esta tarde de verano / cantad a plena voz / ¡Torres de Segovia, / cigüeñas al sol! El sol es un globo de fuego / la luna es un disco morado.

Cervantes dignificó con hondura al cielo protector: Paréceme, Sancho, que no hay dicho o refrán que no sea verdadero, pues es bien sabido que el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho. Y cómo la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida. ¡Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

Queridos lectores, disfrutemos de este acontecimiento especial; más adelante, volveremos a vivir juntos el siguiente eclipse total que cruzará la bella y elegante Segovia, dentro de 27 años, en el 2053. Aquí estaremos.